Hay grandes pendientes sociales en Veracruz.
Uno de ellos, los 650 mil analfabetas, según Adolfo Mota, que no saben leer ni
escribir. 950 mil, según Víctor Arredondo en su última comparecencia como
secretario de Educación en noviembre de 2010.
De cualquier manera, si son 650 mil personas,
mayores de 15 años, que ni pueden leer libros ni periódicos ni tampoco escribir
una cartita, habla del fracaso del Estado de Bienestar, el Estado de Derecho, ·el
estado ideal para soñar·.
Un sexenio se va de palacio y otro llega, y no
obstante, el número de analfabetas se ha convertido en la piedra que Sísifo
quiso trepar en la espalda a la cima, y cuando apenas iba llegando la piedra
resbalaba y otra vez ida y vuelta y otra vez ida y vuelta, sin la esperanza de
lograr el objetivo.
Ya por culpa de la austeridad, por las arcas
tronadas desde el sexenio anterior, por insensibilidad social, porque en ningún
momento la alfabetización es prioridad en la política educativa, los 650 mil
analfabetas de Veracruz ahí están, como una vergüenza.
Y lo peor. Desde la Secretaría de Educación el
pendiente se oculta. Mejor dicho, se minimiza. Se menosprecia. A nadie parece
importar. Ni siquiera, vaya, al mismito Instituto de Educación para los
Adultos, a quienes en repetidas ocasiones se ha solicitado información en la
materia, y el silencio es la única respuesta.
Inverosímil en la tierra de Rafael Delgado,
Enrique Rébsamen, Enrique Laubscher y Juan Nicolás Callejas Arroyo, el apóstol
de la educación en Veracruz.
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